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miércoles, 4 de septiembre de 2013

AKame sólo una vez (Feliz cumple Danny nee-chan)

Danny nee-chan, aunque un poquito atrasado aquí tu fic de muy-feliz-cumple-con-harto-cursi-akame-chocolatoso-eterno-y-sin-daño. Espero que te guste, y aún te debo el lemon que aquí no logré inspirarme para hacerlo jajajaja. Te quiero mucho! espero que lo hayas pasado genial, y que este nuevo año en tu vida esté lleno de cosas bellas, mágicas, akamescas y mucho Japón jojojo. Kisus! ~Yolotl

Sólo una vez (One shot)

Ella me preguntó cuántas veces había tenido sexo con hombres. Le contesté que sólo 1 y me miró con ojos incrédulos y con cierta molestia. Pero no mentí, quienes me conocen y “Él”, saben que sólo fue 1.
Estuve muchas veces en camas que no me correspondían, contra mi voluntad, a mi pesar, por equivocación, sin conocimiento…. Probé muchas drogas que me aventaron a situaciones que afortunadamente no recuerdo del todo; con un senpai, con un amigo, con aquel kohai…  El viejo tramposo, entre esas veces, me condicionó el futuro a estar con él; y estuve ahí… una, mil ocasiones… pero luego lo olvidé…
Al estar con “Él”, apenas pude relacionar esas malas experiencias conmigo. Como si se trataran de un mal bocado de algún momento del lejano, oscuro y “mejor olvidarlo” pasado; o del impredecible  y  “a ver si puedo evitarlo” futuro.
Él… es Kame.
—  Con Kamenashi kun estuviste más de una vez —  respondió ella completamente segura, incluso enojada… con esa mueca que dice “odio que mientas”, “odio que trates de verme la cara”
Pero yo no miento con esas cosas. Tengo muchos defectos… características que a algunos les molestan:  soy fiestero, molestón, obsesionado, pero no mentiroso, nunca le mentiría a la mujer con la que pasaré el resto de mi vida.
—  Y sé que estuviste con algunos otros, al menos 3 que ambos conocemos —  ella siguió en un intento directo de que yo hablara del tema y me confesara.
Pero no tenía nada que ocultarle…
—  Yamashita, Matsumoto, Oguri Shun! —  comenzó ella a enumerar —  y no me sorprendería que también con Ueda kun y con Shirota… ¿debería también preocuparme de Dominic? ¿de Zen? ¿por qué quieres hacerme creer que sólo fue uno?
Y yo, sólo me sonreí pensando en lo extraño que funciona el cerebro de una chica celosa.
—  ¡Jin! —  me sacudió desesperada por una respuesta —  ¿en serio? ¿viviremos con mentiras?
No… yo no había mentido.
Mi historia con Kame había sido y aún lo era, la más melodramática de las que cualquier escritor de doramas podría haber imaginado. Era absurda, violenta, desenfrenada… estaba llena de pasiones incontrolables, de lágrimas, de mentiras, de traiciones…  amores siempre inconclusos, de esos que no se dejan ocurrir para de esa forma no terminar…  era tan intensamente locura que aún casado y padre, seguía viviéndola… Mi esposa me preguntaba por esa historia, queriendo ponerla en un montón del que no podía ser parte… “Él” y el sexo que tuve con él…. Sus miradas, su susurro dominante que me hacía perder el valor y el miedo en el mismo segundo… su caricia constante y atinada que  aún sin que su piel entrara en contacto con la mía podía sentir cada vez que estábamos reunidos en la misma habitación… su boca siempre asertiva… su dejarse tomar entre mis manos para… se me va el aire…
Recordé esa vez… esa parte de esa vez… estábamos en un cuarto de hotel después de una noche de travesuras que nos pusieron en peligros innecesarios; él, había salvado la situación una vez más ahorrándome los arrepentimientos del día siguiente que quizá me atormentarían.  Estábamos desnudos, besándonos… Aún con los efectos del alcohol que nos transformaban en un par de actores cursis que se decían diálogos de telenovela.
Y Kame… con su afilado perfil, se lucía conmigo. Era varonil, pero delicado, un amante perfeccionista y cirujano que cuidaba cada movimiento sobre mi piel como si fuera yo de porcelana. Colaba sus delgados dedos hacía mi trasero y los introducía uno a uno haciéndome perder el poco control que yo tenía de mi, sin dejar de besarme y logrando que mi entusiasmo le mimara su propia intimidad.
Recuerdo que de pronto sonó el teléfono, y que yo me desconcentré de todo, que me sentí atacado, como si alguien hubiera entrado y nos hubiera descubierto. Sólo había sido el teléfono, un alguien equivocado, quien sabe… pero yo, que me había alejado y sentado en la orilla de la cama para contestar, me quedé frío, mirando la pantalla, viendo cómo parpadeaba esa luz azulosa… ese asomo del exterior tan inoportuno que me despertó toda esa serie de pensamientos extraños.
—  Nani? —  la voz de Kame sobre mi hombro me sobresaltó un poco —  dare?
—  Un equivocado – le contesté y suspiré profundo delatándole que esa llamada me había sacado de ánimo.
— ¿Qué te preocupa? —  Kame se recostó y quedó viéndome con ojos aniñados.
—  Que siempre eres tú el que controla todo cuando estamos juntos… —  dije el primer pensamiento que me vino a la mente.
—  Sou desu ka… ¿y eso te incomoda? —  él no le daba importancia.
—  No… creo… —  no sabía qué decir —  demo…
—   Jin….— mi nombre pronunciado por él me tranquilizó —  nosotros siempre estamos juntos desho? Así que no, no siempre lo controlo yo… hay veces que yo… me dejo atrapar por tus brazos así… —  se recostó de tal forma que pudo hacerme abrazarlo —  y tú, eres dueño de mi…. —  se sonrió.
Después de eso, todo se convirtió en un sueño extraño. Cada una de sus caricias, primero inocentes, luego expertas, cada vez más profundas, iban recorriéndome cual excursionistas sedientos de aventura en piel. Kame me decía que yo podía hacer con él lo que yo quisiera, me aseguraba que yo podía tener todo el control sobre todas las situaciones, y al mismo tiempo, convertía cada una de mis extremidades en esclavas y mis labios en prisioneros, y mi aliento en una nube devoradora y deseosa de humedecer cada recoveco de su cálido cuerpo que… si, Kame decía la verdad cuando aseguró que a veces yo podía tomarlo entre mis brazos y hacerlo completamente mío…  ese cuerpo sobre mí o por debajo, atrás, adentro o recibiéndome, estaba por completo entregado a saciar deseos de mi piel que ni yo mismo hubiera imaginado tener.
Kame sabe cómo provocarme para que la danza sea perfecta. Yo sé cómo provocarlo a él.
Llegamos al clímax juntos con un grito acompañado de risas. Siempre nos divertimos al hacer el amor, como si lográramos una gran jugada en equipo, la jugada que solo a nosotros ocupaba y hacía aplaudir de pie en el asiento.  Su boca en mi sexo, su sexo entre mis labios, su cadera, la mía, las yemas de sus dedos presionando mi cintura, todo ese movimiento … y mi lengua en su cuello, su respiración agitándose, y luego los líquidos, y el largo suspiro, y el aprehensivo abrazo de ambos acompañándonos en esa bajada de las nubes.
-- Jin – dijo con los ojos muy apretados y el sudor escurriendo por la espalda que yo apretaba con todas fuerzas – desde que estuvimos juntos la primera vez, siento que nunca nos hubiéramos separado…
-- ¿Eh? ¿nani? – lo guié a mostrarme el rostro y le acaricié encantado del rubor que compartíamos.
-- Aún cuando no estemos aquí siento que estuviéramos aquí, cuando te veo bailar…
-- Ah si, sé a qué te refieres, me pasa cuando te encuentro produciendo… -- me reí.
-- Y cuando estás cantando…. O con la guitarra – dijo él
-- Y cuando juegas beisbol… y cuando actúas… -- le devolví el halago
-- Es como si desde la primera vez nunca hubiéramos parado desho? – y él se atrevió a decirlo así.
-- Uhm hai – lo besé y quedé sonriente, me gustó cómo se oía – si nos preguntan, podremos decir que sólo hemos tenido sexo una vez… -- reí – una larga, apasionada, sorprendente y mágica vez.
-- Y será la verdad – él se sintió bien de oír eso – de todas formas cómo podrían contar otras experiencias al lado de esta…
-- ¿Qué tiene esta? – lo provoqué a decírmelo.
-- Que es perfecta Jin… contigo.
Si jajaja, así de cursis nos podemos poner Kame y yo… incluso más si nos provocan.
“Sólo una vez he tenido sexo con un hombre” le repetí a mi esposa para responder a su pregunta por décima vez. “Fue con Kame y duró una eternidad… y todos esos que mencionas… nani ka… son solo recuerdos de instantes en la vida que no podrán trascender a mi futuro”. Hai, no podrán…
-- ¿Y todavía ocurre? – ella se había quedado muy preocupada con mi respuesta, con los ojos llorosos, desencajada voz… y apretando un poco los brazos alrededor de Theia que dormía plácida ahí, como un botón apunto de florecer.
-- Por supuesto que no – le contesté para proteger sus sentimientos y los de mi pequeña niña… y me quedé pensando… pensando mucho…. Quizá… no es tan malo, después de todo, mentirle a la mujer con la que pasarás el resto de tu vida.

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