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sábado, 29 de agosto de 2015

Capítulo 5 ~ Hawai e ikou! rally aventure

Capítulo 5 ~ Un evento inesperado

Por su lado Nino y Yamapi caminaron sin ningún contratiempo, durante casi 3 horas, hasta la orilla del pantano que la guía había dicho, y lo miraban en silencio. Apenas habían hablado entre ellos hasta ese punto y eso los había tranquilizado en cierta forma, aunque Yamapi desde hace rato que quería preguntarle a Nino qué demonios pasaba entre él y Kame…

—  ¿Qué haremos? —  fue Nino el que de pronto hacía preguntas — ¿meternos?  no creo que sea buena idea simplemente caminar por un pantano ne… podría haber arenas movedizas, lagartos ne
—  ¿Eh? ¿Lagartos? —  Yamapi trató de imaginarse eso —  ¿en Hawai? Se supone que…
—  ¿Te parece que esto es Hawai? —  Nino le retó a contestar que sí —  yo no me confiaría, considerando que esto está en medio de la nada ne… ni siquiera hay señal de celular… —  suspiró harto.
—  También podríamos volver a las cabañas… y esperarlos ahí—  Yamapi propuso —  no veo la razón de seguir con este juego estúpido…
—  Uhm sou desu ne… demo… si regresamos a las cabañas… no podremos estar con ellos en los otros tramos de la aventura desho?—el senpai alegó mirando con desconfianza el agua verdosa frente a ellos.
—  ¿Qué te ofreció Kamenashi para que lo cubrieras así eh? —  Yamapi se sentó en una piedra y quedó mirando al senpai.
—  ¿Eh? —  Nino se sentó a un lado sin mirarlo.
—  Me dijo que tienes un trato con él… —  Yamapi le enfrentó a lo que sabía.
—  ¿Nani? —  y Nino cerró los ojos, no es que lo haya tomado por sorpresa pero de alguna manera no quería creerlo… ¿en serio? O sea que Kame no cumplía con su parte…
—  Pero Ryo chan me contó que estás muy enamorado de Kamenashi —  Yamapi siguió en su línea —   así que quiero pensar que ese trato tiene un doble objetivo, que tienes un plan para al final…
—  Naaaaani sore?!!! Ano sa… Yamashita kun…—  Nino hablaba despacio buscando palabras adecuadas —  ¿No te parece un poco irrespetuoso asegurar algo así? Ya sé que estamos en medio del mar y que estás enojado, kedo… sigo siendo tu senpai ne!
—  Ok, como quieras, yo sólo quería ver si te podía ayudar en algo porque por mucho que insistas en que tienes a Kamenashi controlado y quieras convencerme de que te respeta y así, los dos sabemos que te está viendo la cara de pendejo y que…
—  Ano ne, se está haciendo de noche… tampoco creo que sea buena idea andar por un pantano de noche ne…  —  Nino lo interrumpió y se levantó suspirando muy profundo…
—  Si acampamos aquí… —  Yamapi miró a su alrededor —  agh, no sé porqué estamos haciendo esto… Mejor regresemos a las cabañas y ya mañana le decimos a la guía que nos lleven en jeep a la estación… le decimos que no nos interesa “vivir la aventura” se burló de dicha frase del folleto
—  ¿Y si no quiere hacerlo? —  Nino preguntó.
— Todo mundo tiene un precio —  Yamapi lo miró fijo con cara de “¿en serio te preocupa que no quiera?”
—  ¿Crees? —  y el senpai miró el camino por el que habían venido pensando seriamente en que la propuesta de Yamapi no estaba nada mal —  Tú no has encontrado el precio de Akanishi para amarte ne, ni el de Kame chan para alejarse desho? Tal vez para esa guía lo que dice su folleto ne, sea una cuestión de pasiones… Ano sa... algo que no puede traicionar porque siente que se le acaba en ese instante la vida ne
—  Bueno —  Yamapi se incorporó muy de malas ya de la conversación —  es absurda tu comparación pero en fin, de todas formas, que la guía sea insobornable me parece irrelevante para tomar esta decisión, por donde lo veas será más sensato volver y esperarlos en las cabañas que matarnos hundidos en el fango, en las fauces de un lagarto o devorados por una legión de hormigas….
—  Sou desu —  Nino quedó un poco pensativo —  aunque no deja de molestarme el pensamiento de que ellos dos no se hubieran rendido tan fácil ne… quizá, creamos lo que creamos, no somos tan fuertes ne, tú y yo… como ellos ne. —  y sin más se colgó la mochila a la espalda y empezó a caminar de regreso.
Yamapi tras morderse el labio inferior dolido por ese pensamiento del senpai, lo alcanzó poco más adelante.

……………………………………………………

—  Ya inició el operativo —  aquel joven johnny anunciaba reverenciado ante el jefe y sus senpai Tackey, Matsumoto y Nishikido que, sobre todo los dos últimos, parecían incómodos con lo que oían.
—  Gracias, puedes irte – el viejo se recargó en su silla y bebió un poco más de su té dando tiempo a que el chiquillo cumpliera con la orden y él pudiera volver a hablar en privado con sus invitados de esa noche.
—  Johnny… —  Matsu se atrevió a hablar —  gomen, pero… ¿no será peligroso para ellos? Sé que son johnnys y por lo tanto ágiles y competitivos, pero…
—  Los estaremos vigilando J-chan —  el jefe sonreía encantado de que Matsu se sonrojara de que lo llamara así —  cada paso, cada instante y cada gesto pasa por mi ojos … lo sabes ¿cierto? Que soy dueño de sus aventuras y de sus besos y de cada reto que me imponen, y el que decide sus castigos y si quiere juega a volverlos locos.
Se levantó y caminó por la oficina con gesto pensativo e intimidante mientras los tres presentes se escalofriaban.
- La próxima vez que vayan a jugar así a incumplir mis órdenes, espero que lo piensen mejor. —  prosiguió — Porque cuando dije “No quiero que estén juntos sin mi permiso”, cuando dije “sólo yo decido quién puede tocar a Jin y cuándo”, cuando dije “no te enamores de Kame chan”, cuando les dije a ustedes que estuvieran al pendiente de ese caso, no fue sólo por decirlo… toda falta merece un castigo, y cada castigo debe ser ejemplar…
Y tras decir eso, encendió una pantalla que tenía en su oficina (tal vez inspirada en “Los juegos del hambre”) y sus tres pupilos quedaron boquiabiertos al descubrir lo que en ella podía verse.

…………………………….

Nino y Yamapi caminaban en silencio y la noche se comía el camino frente a ellos así que aceleraron el paso, la luz de las linternas apenas les permitía no tropezar pero no era suficiente para saber si faltaba mucho o poco. Los ruidos nocturnos empezaron a ponerlos más que nerviosos pues aunque muchos animales ya dormían, se podía sentir la presencia de los que apenas habían despertado.
—  ¿Y si corremos? —  Yamapi propuso agitado —  no creo que falte mucho e ir a este paso ya me cansó.
—  Hai, será mejor… —  Nino le respondió sin duda y ambos empezaron a trotar primero y luego a correr. Estaban asustados y se sobresaltaban con cualquier sonido a los lados del camino por lo que cada vez corrían más rápido, de haber sabido lo que se ocultaba en esa maleza de noche probablemente hubieran roto sus récords personales como velocistas… y claro, sin que el cansancio se asomara siquiera, tan llenos de adrenalina, a partir de que empezaron a correr no tardaron más que media hora en divisar un grupo de antorchas.
—  ¡Ahí están! —  se animaron y corrieron un poco más —  ¡yatta! —  se sentían felices, realmente felices de haber conseguido quedar fuera de peligro.
Y de pronto, oh por los dioses creadores de eventos inesperados, se dieron cuenta de que entre aquellas antorchas se oían voces de ¿australianos?
—  Mom! —  era la voz de Alice —  ¡Faltan los japonecitos! —  en ese momento Nino y Yamapi lograron acercarse al grupo y quedaron jadeando frente a ella que pareció alegrarse —  Ah aquí están! —  decía tan contenta —  ¡Vamos! ¡qué bueno que llegaron a tiempo! —  hablaba en inglés.
—  ¿Qué dice? —  Nino le preguntó a Yamapi que parecía muy desconcertado.
—  Dice… chotto matte —  Pi sacudió la cabeza tratando de entender —  sorry, Alice… —  le pidió atención —  ¿qué está pasando? ¿a dónde vamos? —  aún recuperaba el aliento.
—  Al continente ¿no lo saben? Se está desalojando la isla porque va a pasar algo… no lo sé —  ella respondió buscando a alguno de los guías en el grupo de gente que se movilizaba con cierto desorden y nerviosismo hacia… ¿la playa?
—  ¿Eh? ¿desalojar la isla? —  Yamapi insistió con la pregunta —  pero… qué va a pasar algo y que quieren que desalojemos la isla —  le informó en japonés a Nino que seguía sin entender ni jota.
Pero Alice no sabía en realidad qué sucedía, ni su madre, así que tuvieron que ir en busca de uno de los guías de Lula lu.
—  ¿Eh? —  la guía se giró con tal gesto de estupefacción hacia ellos que resultó sospechoso —  ¡Ah! ¡ustedes! —  no pareció alegrarse sino que algún plan se le echaba a perder.
—  ¿Qué está pasando? —  Nino le preguntó.
—  Ah etto... emmm —  ella en verdad parecía incómoda ahora. —  ¡Qué bueno que regresaron a tiempo! —  de la nada cambió su actitud a una muy sonriente y amable como la de la mañana —  ¿y sus amigos? —  se dio cuenta que sólo eran dos.
—  En la gruta supongo, podrías explicarme qué está sucediendo… —  Nino se tornó muy serio, incluso amenazante y la chica decidió mejor hablar viendo a Yamapi.
—  Recibimos ordenes de desalojar la isla esta noche, y sólo nos queda una hora para hacerlo si no queremos meternos en problemas. Queríamos avisarles pero…. Pensamos que estarían ya en algún lugar inaccesible…
—  ¿Eh? —  Yamapi no podía entender lo que oía —  y entonces ¿nos iban a dejar aquí? —  mostró su indignación con tal gesto que hizo a la chica retroceder y regresar su vista a Nino que de pronto ya le parecía menos peligroso.
—  Gomen —  se disculpó —  pero qué bueno que llegaron, al menos ustedes se salvarán con nosotros —  se atrevió a sonreír de nuevo.
—  ¿Al menos nosotros quéeeee? —  Nino y Yamapi explotaron al mismo tiempo —  ¿y nuestros amigos?
—  Lo siento, lo siento, no podemos esperarlos —  ella corrió hacia adelante del grupo que, Nino y Yamapi se dieron cuenta en ese momento, ya llegaba a la playa. En el muelle había un barco al que subían cajas, maletas, personas, todo el personal con el que habían convivido desde su llegada, la familia de australianos, la señora de la tienda…
—  ¡Ey chotto matte! —  Nino corrió en busca de la huidiza guía topándose con un tipo muy corpulento que ya la cuidaba —  ¿Cómo que no podemos esperarlos? ¡No podemos dejarlos aquí!
Yamapi los alcanzó sintiéndose también un poco intimidado por el tipo ese.
—  ¡Pues entonces vayan a buscarlos! Pero si bajaron a la gruta es imposible que vuelvan a subir a tiempo para irse con nosotros. —  contestó ella oculta tras su guardia.
—  ¿Es en serio? —  Yamapi preguntó anonadado —  ¿de verdad su plan era dejarnos aquí solos? ¡Es una broma! ¿cierto?
—  Háganse a un lado —  el tipo les pidió en un japonés un poco mal pronunciado para abrirle paso a la gente que aún faltaba por subir al barco.
 —  ¡Chotto matte! —  Nino empezó a gritarle —  ¡Esto es una estupidez! ¡no podemos dejarlos aquí! ¡no pueden simplemente decidir desalojar! ¡no pueden!
La gente seguía subiendo al barco a toda prisa.
—  ¿Esto es en serio? —  Yamapi seguía sin poder creer nada de lo que pasaba ahí —  no, no puede ser en serio… ¡Ey amigo, esperen, ya no es graciosa esta broma… ¿podrían pararla? Mi senpai está por entrar en un ataque de pánico.
Y sí que lo estaba, Nino seguía gritando: ¡no pueden! ¡no pueden! Y caminaba de un lado a otro tratando de pensar.
—  Lo siento —  el tipo le respondió a Yamapi —  pero ya tenemos que irnos —  invitó a la guía a subir primero al barco y entonces se quedó él solo abajo con ellos —  podemos esperarlos media hora, si logran traerlos en ese tiempo, pero no más, las órdenes fueron muy específicas, es peligroso para todos que nos quedemos aquí…
—  ¿Media hora? Estás bromeando ¿cierto? —  Yamapi lo miró con odio.
—  ¡Ey! ¿Aló? ¿Kame? ¿Kame me oyes? —  el tipo y Pi voltearon a ver a Nino que desesperado movía las perillas del radio que les habían dado tratando de comunicarse con ellos —  ¡Ey! ¿alguien por ahí? ¿Kame? ¿Kame me oyes? —  estaba  a punto de llorar y nada en los muchos ruidos que hacía el aparato de radio parecía ser la voz de Kame o la de Jin…
—  Seguro ya bajaron hace horas a la gruta, lo siento —  el tipo se dispuso a subir al barco —  nosotros tenemos que encargarnos del bien de la mayoría y la mayoría ya está a salvo.
—  ¡Ey pero no pueden dejarnos aquí! —  Yamapi fue tras él y trató de detenerlo agarrándolo de un brazo pero este se zafó brusco de él y volvió a caminar hacia la escalinata. Yamapi entonces reaccionó primero corriendo y dando un salto sobre la espalda de aquel gigante —  ¡No pueden irse! ¡no pueden dejarnos aquí! —  y aquel tipo, ya enojado, se lo quitó de encima y lo aventó a un lado de Nino que seguía peleando con el radiocomunicador. —  ¡Ey tú! —  Yamapi trató de levantarse y alcanzarlo de nuevo pero el tipo ya no le contestó ni la mirada y ya subido en la embarcación, sin esperar la media hora, activó la maquinaria para enrollar la escalera…
—  ¡Ey chotto matte! —  Yamapi siguió gritando incrédulo desde el muelle —  ¡No pueden dejarnos aquí!
—  ¿Aló? ¿aló? —  Nino seguía buscando voces en el radio —  ¿Kame me oyes? Ey hay una emergencia! Si me oyes por favor contéstame! ¿Aló? ¿Kame? —  ya tenía el rostro lleno de lágrimas.
—  ¡¿Están locos?! ¡Ey! —  Yamapi gritaba al barco —  ¡No pueden dejarnos aquí! ¡¿no saben quiénes somos?! ¡nosotros somos famosos en Japón! ¡hay demasiada gente esperándonos! ¿eh? ¡¿Saben lo que eso significa?! ¡Ey! matte! matteeeeeeee!
El barco ya había empezado a moverse y en la cubierta mirándolos fijamente pero sin contestar ni conmoverse el tipo aquel los miraba. Estaba alejándose, deslizándose sobre el agua hacia la noche… El oleaje poco a poco hacía perderse el ruido de los motores.
—  ¡Matteeeeeeeeeeeee! —  Yamapi daba patadas a las maderas del muelle y seguía gritando varios minutos después de que era obvio que en el barco ya nadie lo oía.
Nino por su lado miraba el radiocomunicador en su mano del que sólo salían un montón de interferencias pero ninguna voz… estaba más pálido que la misma luna en el cielo y cada grito en vano de su kohai parecía hacer más hondo el vértigo que sentía…

………………………………………………………….

Johnny se sonrió maldoso.
—  Interesante película de aventuras ne —  buscó complicidad en los chicos que se habían quedado de piedra mirando el televisor. —  pero tranquilos, que no todo es desesperación aún, todas las películas tienen también su historia de amor prohibido… —  y le cambió de canal a la pantalla descubriendo otro escenario en LulaLu.

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En la gruta, con el resplandor de la fogata que Jin y Kame habían encendido, ambos veían embelesados las muchas estalactitas sobre un ojo de agua quieta que formaban un apacible y romántico escenario para ellos.
—  Quisiera estar así siempre. —  Jin suspiró —  sin más preocupación que cuánto tardará en estar la comida —  rió.
—  No me apures —  Kame echaba condimentos a un trasto que habían colocado sobre una rejilla en el fuego. —  estará en un momento.
—  No te estoy apurando… —  Jin se rió —  oye y… ¿en serio te quedarías a vivir aquí conmigo? – preguntó muy serio.
—  Hai, donde sea —  Kame contestó muy seguro.
—  Pero aquí no hay público, aplausos ni dinero. Tampoco hay comida francesa o beisbol. Terminarías aburriéndote ne.
—  Sería como haber muerto… —  Kame contestó pensativo haciendo a Jin preocuparse.
—  ¿nani? ¿estar conmigo sería como morir?
—  Ie, ie, ie… me refiero a que… si un día desapareciera en un lugar así, ya nadie esperaría de mi nada ne? ni dinero, ni aplausos, ni saber de beisbol… muchas veces uno se impulsa a seguir en las cosas por los demás ne, aún cuando estás cansado de todo piensas en ellos y en que es mejor seguir, te das fuerza y valor… y sigues. Pero si muriera, o de pronto desapareciera en una isla como esta, si ellos ya no esperaran nada de mi, y por estar contigo, creo que podría vivir sin hacer nada de eso…
—  Oh —  Jin tuvo un sentimiento de incomodidad —  pero todas esas cosas no son solo por los demás ne… las haces por ti mismo… porque te gustan ¿no?
—  Uhm —  Kame asintió —  pero a veces pierden sentido, y pienso que sería mejor escapar de todo. Un lugar como este y contigo es una opción seductora…
—  Yo no podría dejarlo todo… —  Jin suspiró y se puso de pie —  no está bien ni hacer ni dejar de hacer las cosas en función de lo que los demás esperan. Ni siquiera por amor. —  quedó mirándolo fijo.
—  Sou desu ka —  Kame bajó la vista al tiempo que ponía una tapa al trasto en el fuego —  tal vez…


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