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lunes, 13 de marzo de 2017

Capítulo 6 ~ Hawai e ikou! rally aventure

Capítulo 6 ~ Instintos asesinos...

No quisieron entrar a la cueva de noche, les dio miedo descender tan a oscuras, así que pusieron una tienda de campaña afuera. En silencio.  

Entraron a la tienda y se recostaron. Aún no podían creer que hubieran sido abandonados de esa forma. ¿Qué era lo que pasaría? El capitán del barco había dicho que no era tiempo de huracanes… ¿habría algún peligro nuclear quizá? ¿una plaga apocalíptica? ¿por qué habían desalojado a todos? Nino sentía el interior verdaderamente frío, estaba a punto de enfermar de pánico. No tuvo antes de eso ni después un momento en que deseara tanto poder comunicarse con Arashi… Sakurai KunSatoshi kun… ellos sabrían que hacer en un caso así neMatsumoto kun les habría hecho más pasadero el desastrequizá con una broma ne y Masaki kun… él habría repartido algún dulce para el mal trago ne. 
— Nunca pensé que mis días acabarían en una isla como ésta y con un idiota como tú — Yamapi lo sacó de sus pensamientos — iremos a buscarlos desho? ¿y luego? — se sentía tan en blanco como el senpai. 
— Ano sa… el capitán ne, él dijo que había algo para comunicarse en clave morse…. Solo tenemos que buscarlo. 
— ¿Y tú sabes clave morse? — Yamapi estaba pesimista — dudo que Jin o Kamenashi tengan idea y yo jamás pensé que fuera necesario saber algo como eso…. 
— Quizá encontremos algún radiocomunicador… — Nino cerró los ojos y respiró profundo en un intento de calmar su latido. Sentía que iba a explotar. 
— Y Johnny tendría que buscarnos en algún momento ¿no? — Yamapi suspiró largo — aunque una vez que nos encuentre seguro nos quedaremos sin trabajo. 
— Sou desu ne. — Nino sintió un escalofrío. 
— ¿Qué harías si te corrieran de la empresa? — Yamapi preguntó y se quedó pensando en él mismo. 
— Hace mucho que no pienso en esa posibilidad… — Nino abrió los ojos — supongo que buscar otro trabajo ne… qué otra cosa podría hacer. 
— Si Johnny nos corre estaremos vetados en todo. — Yamapi sintió el espeso miedo en su garganta — y no sabemos hacer nada más que el ridículo… en qué empresa te contratarían con un perfil así. 
— Yamashita kun… deja de preocuparte por eso ne. Primero tenemos que salir vivos de aquí… Además tú tienes una carrera ne, podrías poner un negocio propio. 
El silencio se alargó algunos minutos. Cada uno repasaba en su mente las poquísimas posibilidades que tendrían primero de salvarse en una isla salvaje como esa y después de que johnny los perdonara por la “travesura”. 
— Esto es estúpido — Yamapi no pudo detener más las lágrimas y se volteó para ocultarlas de Nino, pero éste no estaba interesado en ellas, las propias ya se escurrían sobre sus sienes. 
¿Morirían ahí? ¿lo habían perdido todo para siempre?  
………………….. 
— Jin — a Kame le encantaba pronunciar ese nombre. Las caricias eran cada vez más profundas y los besos más entusiasmados. El escenario era perfecto ne. La luz de la resistente fogata en sus pieles desnudas tilitando, el sonido del agua del cenote que acompañaba sus respiraciones, el eco del acompasado movimiento de sus caderas y toda la excitación que les hacía perder sus pensamientos en la sola imagen del otro tan fusionado no sobre o debajo sino envolvente.  
En el fondo de la gruta Jin y Kame ya estaban más que reconciliados y se amaban felices e ignorantes de que el personal de Lula lu se había largado sin ellos. 
Habían dormido abrazados y despertado con ganas de hacer el amor todo el día, nisiquiera habían preparado algo para desayunar. Todavía no se desperazaban cuando sus manos habían buscado en el otro algo de calor y empezado con esa larguísima danza de cariños. ¿Cuánto tiempo llevaban en su ritual? Suficiente para que Nino y Yamapi levantaran su campamento y descendieran, demasiado, porque así, unidos en esa inagotable pasión, los encontraron. 
— ¡Carajo! ¡Jin! — Yamapi apareció convertido en un energúmeno — ¡Tú! — se fue directo sobre Kame — Maldita rata inmunda. 
— ¡Ey! ¡ey! — Jin trató de detenerlo, pero el enfurecido alcanzó a jalar a su enemigo del cabello para separarlos. 
— Voy a matarte ahora mismo. 
— ¡Pi! ¡Suéltalo! ¡Espérate! — Jin gritaba — ¡suéltalo! 
— Lo que voy a hacer es matarlo — Yamapi aventó a su presa a un lado y se irguió ante él con el enojo trabado en el semblante. — Lo que voy a hacer es matarte — le repitió mirándole directo a los ojos. 
— ¡Calmate ya! — Jin se interpuso entre ambos, aún desnudo, mirando a Pi, y pasándole un pantalón a Kame. 
— Sí calmate bruto — Una vez vestido éste se adelantó a Jin y enfrentó a Yamapi sin duda. — ¿Qué hacen aquí? — advirtió a Nino cruzado de brazos detrás de su enojado contrincante. 
— En serio estás muerto — Yamapi preparó sus puños y se acercó decidido a partirle la boca, y Jin, quien había aprovechado para ponerse también algo de ropa, se atravesó de nueva cuenta entre uno y otro. 
— En serio, cálmate Pi, vamos a hablar ¿ok? — estaba tan nervioso. 
— ¡¿De qué?! — Yamapi empezó a gritar — ¿de cómo te encanta hacerme mierda?  
— Pi… 
— Me pediste que confiara en ti y luego te encuentro así… 
— Haietooo… — Jin la verdad no sabía qué decir… — esto es…  
— Lo que menos debería importarnos ahora — Nino se entrometió subiendo su tono de voz. — Yamashita kun… — afiló el tono senpai — entiendo que estás enamorado y por lo tanto muy molesto por lo que acabas de ver ne, demo… ¿no crees que tengamos que dejarlo pasar por esta vez? Lo único en lo que tenemos que ocupar fuerzas es en salir de aquí ne, en idear alguna forma para regresar a Japón… 
— ¿Nani? — Jin y Kame preguntaron a coro. 
— Me da exactamente lo mismo en este momento si regresamos a Japón o no. — Yamapi masculló. 
— ¿Por qué no regresaríamos? — Jin le preguntó. 
— Ano sa — el que contestó fue Nino — la isla fue desalojada… todo el personal ne, los australianos, la seguridad… minna, abandonaron la isla y nos dejaron aquí solos ne… que era urgente y que no podían esperarnos. Yamashita kun y yo… hubiéramos podido irnos con ellos kedo… pensamos que era nuestro deber venir por ustedes neSou, ya que estamos aquí, creo que tenemos problemas suficientemente graves y urgentes como para seguir sin tomar camino hacia fuera de la gruta. — y tras la explicación, que cabe decir que dejó a Kame y a Jin completamente desencajados, se dio la vuelta y caminó hacia una roca en la que se sentó dándoles la espalda. 
— ¿Es en serio? — Jin preguntó a Yamapi bastante asustado y al verlo asentir giró con los ojos de plato hacia Kame que lo miraba igual.  
— Voy con Ninomiya — Kame avisó en un murmullo y se encaminó hacia el senpai que se mantenía en la oscuridad aún sentado.  
— Pero ¿cómo pasó? ¿cómo se dieron cuenta? — oyó que Jin le preguntaba a Yamapi y que éste algo murmuraba por respuesta. 
— ¿Nino? — se paró a un lado algo nervioso. 
— ¿Ya están listos? — Nino ni siquiera volteaba a verlo. 
— Ie, tenemos que levantar el campamento y… 
De pronto el senpai se puso de pie y le enfrentó la mirada para luego hablar muy muy bajo para que solo él le oyera. 
— Me prometiste Kamenashi kun, que Yamashita no se iba a enterar de nuestro trato kedo… no solo ya se dio cuenta de que yo te importo muy poquito y estás en completo acuerdo con Akanishi ne, sino que ya le habías dicho… apenas nos quedamos solos, me preguntó sobre eso ¿sabes? Y bueno, no es que sea momento como dije de preocuparnos por esas cosas kedo… ¿Cuál es tu plan ahora? ¿desentenderte de mi? 
— Ie, Nino, yo… — Kame sintió un hueco en el estómago — yo… mantendré el trato contigo. En ningún momento fue mi intención quedar al descubierto, no los esperábamos por aquí, no sabíamos nada del desalojo y… 
— Uhm — Nino bajó la mirada un segundo y luego la lanzó hacia Jin y Yamapi que seguían hablando en murmullos. — ok, da lo mismo, primero tenemos que salir de aquí ne. Carga mi maleta — la dejó caer a su lado y se dirigió a los otros. — ¡Ey! ¡vamos! Dejen las pláticas para otro día ¿vale? Vamos a las cabañas a buscar un radiocomunicador antes de que la amenaza que hizo salir a los demás nos caiga encima. — y dio un par de palmadas para apurarlos. 
Kame y Jin apagaron la fogata y se apresuraron a agarrar sus cosas. Yamapi, aunque aún malhumorado le ayudó a su novio aprovechando para darle un par de casuales empujones a su enemigo. No habían pasado 10 minutos cuando ya estaban escalando para salir de la gruta. 
Eran casi 100 metros hacia la boca de luz que los regresaría a la superficie, caía una cascada a su lado no muy intensa, pero si peligrosa, pues hacía el camino algo resbaloso e iba a estrellarse en el cenote del que se asomaban estalacnitas varias hacia arriba. De caer, podrían quedar ahí ensartados ne, debían tener sumo cuidado.  
Kame subía primero e iba clavando los soportes buscando el mejor camino. Nino, le había pedido a Yamapi que siguiera él, convenciéndole con el argumento de que si se adelantaba, podría dejarle las cosas claras al primero fuera de la gruta sin que Akanishi pudiera intervenir. Luego se había unido a la fila él mismo, dejando a Jin al final, quien aún anonadado no pudo sospechar a qué se debía aquel orden de subida. 
Y así iban, midiendo minuciosos dónde apoyarse, Kame siempre al frente, Yamapi detrás y Nino muy poco a poco, para que ninguno lo notara, rezagándose por tramitos y haciendo por tanto también retrasarse a Jin. Tras un hora de esfuerzos el senpai pudo advertir cómo Kame y Yamapi salían de la gruta. Miró hacia abajo, habría poco más de 80 metros… 
— ¿Todo bien? — oyó que Jin le preguntaba. — ¿ya te cansaste? 
Nino giró un poco la cabeza para verlo y calculó su siguiente paso, pero algo salió mal. Su pie de pronto resbaló pisando la mano derecha de Jin haciendo que éste perdiera el apoyo y cayera un poco, jalando al senpai, hasta que algo los atoró.  
— ¡Ah! ¡auxilio! — Jin apenas había alcanzado a sostenerse con la otra mano, pero sentía que se resbalaba. Temió caer y jalar al senpai con él a la muerte segura. Pero Nino estaba bien agarrado y aunque muy nervioso logró afianzar la cuerda a uno de los soportes y acomodarse para ayudar. Un instante antes de que Jin no aguantara más lo sujetó del antebrazo. 
— Ne, Akanishi — lo llamó para jalar su vista hacia arriba y que Jin no se desmayara de puro vértigo — tienes que hacer fuerza ne, apóyate y vuelve a la pared. 
Sin embargo con ese resbalón las cosas se habían complicado demás, la cuerda de seguridad que los unía parecía estar atorada y Jin estaba algo enredado. 
— No puedo — Jin trataba de zafarla — esta cosa no me deja — sudaba frío.  
— Quítatela — Nino le pidió — así podré jalarte más fácil. 
Jin sintió que algo no estaba bien con esa petición. ¿Podía confiar en el senpai? Miró hacia abajo, era demasiado alto, aunque no hubiera rocas, chocar desde ahí con el agua lo mataría, y volteó a ver a los ojos de Nino arriba de él que lo sostenía con firmeza. 
— Pero… — dudaba 
— Akanishi kun — Nino le habló desesperado — si no te desenredas, no voy a aguantar y nos caeremos los dos. 
Jin se esforzó por no pensar en lo que esa frase le hacía temer: “y si me desenredo ¿solo me caigo yo? O ¿qué significa eso?” quiso espantar ese miedo y no sin algunas dificultades logró quitarse el soporte de la cintura y quedar libre de la cuerda. Ahí, con no más sostén que la mano de Nino en su antebrazo, con el abismo debajo y sabiendo que de “caerse” caería solo, levantó la vista para toparse con la oscura mirada de aquel del que pendía su vida. 
— ¿Qué esperas? ¡Ayúdame a subir! — le pidió. 
Pero Nino no respondía, no lo jalaba, no le estaba ayudando. Solo lo sostenía ahí mirándolo de forma sospechosa. 
— Podría soltarte ne — oyó que le decía. — este es un escenario perfecto para un accidente desho? 
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— Johnny — Mary lo veía desde la puerta con gesto juicioso. Descubrirlo ahí tan pegado a la televisión, poniendo en riesgo a los talentos de esa forma…  
— Espérame hermana, esto es algo delicado. Nunca pensé que los príncipes arcoiris tuvieran instintos asesinos… 
— Si lo mata será por tu culpa y esa insistencia de ponerlo por arriba de muchos más disciplinados y convenientes para la empresa. Y no solo perderás a Akanishi viejo tonto, sino también a Ninomiya, que si lo deja caer yo no estaré dispuesta a aceptarlo de vuelta aquí. 
— ¿De verdad crees que lo deje caer? — Johnny estaba algo pálido. 
— Si sucede será todo culpa tuya. 
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